31 de diciembre de 2010

Por un encuentro...



Pasas horas imaginándote el encuentro; las 
posibles  palabras que podrían llegarse a formular.
Puedes llegar a arreglarte y prepararte todo un discurso, solo por saber que podríais cruzar (aun si la posibilidad es remota).
Esa es la magia del principio, cada uno hace sus pasos con esfuerzo y timidez, y una vez conseguidos, se alza un gran orgullo de uno mismo. Después viene la confianza y la calidez del estar juntos, el amor. (Y su uno se descuida, puede haber un final)
Tirarte en sus brazos sin ningún propósito. Sólo por qué quieres notarlo cerca, quieres eliminar el aire freso que os separa. Quieres rozar sus labios suaves y dulces, oler su aroma electrizante, perderte en sus infinitos ojos.
Por un solo encuentro como este harías de todo ¿o no?


P.D: he estado 3 días sin internet... ha sido una tortura, pero solo porqué echaba de menos la vida bloggera.

28 de diciembre de 2010

Alguien que vestía vestidos de flores


Una vez hubo una niña que vestía vestidos de flores, iba siempre con dos trenzas muy largas, le encantaba subirse a los árboles y columpiarse. La vida es un viaje, y dentro de este, pude haber más viajes. Ella emprendió una de estos viajes, del cual no volvió, al menos no volvió siendo la misma. Había sido como Heidi, corriendo por las praderías llenas de color, recogiendo flores para hacerse joyas e hiendo a buscar la leche a la granja. Pero viajó hasta el mar para empezar una nueva vida completamente distinta, aunque ella aun no lo supiese. Descubrió entonces las palabrotas, la moda, la televisión, la competitividad, la envidia... Pero allí, poco a poco se sintió parte de otro mundo, un mundo al que quiso igual que al otro. Era diferente, pero le gustó; al menos, eso creyó al principio.


Escrito: en mi querida habitación en la que he vivido mil experiencias.

27 de diciembre de 2010

Un libro, un mundo

Hoy he empezado un libro. Cosa que me pasa varias veces al mes, pero hoy, he tenido una sensación diferente. Hoy he sido consciente de lo que tenía en las manos. Consciente de que tenía un mundo en mis pequeñas y delicadas manos, entre páginas; un mundo que vive en diferentes dimensiones y sitios, en múltiples tiempos. Todo depende de nosotros, los lectores. 
Pues hoy he sido consciente de este mundo y también de saborearlo, saborearlo sin ni siquiera haberlo empezado. A veces, creo que disfrutamos más pensando en como lo vamos a disfrutar, que no en el momento de hacerlo.
Bueno, estaba hablando sobre tener un libro y pensar en el mundo que hay dentro de el.
Leo la primera página y me pregunto qué relación tendrá con la última; todo lo que habrá ocurrido.



P.D: La verdad es que no me gusta mucho lo que he escrito, pero no tengo tiempo y quería publicar algo.

26 de diciembre de 2010

Mirando por la ventana

La miraba con dos finas arrugas de concentración en la frente. Desde mi ventana salía una mirada indescriptible que penetraba en la ventana de la casa de en frente. Lo hacía bastante a menudo, esto de observarla Me relajaba, hacía que desconectara de todo y además, me fascinaba. Ella tenía su mundo en su habitación, ninguna rutina, y los extensos ratos que yo la miraba, notaba como yo mismo formaba parte de ese mundo a cálido y acogedor. Con ella, a pesar que nos separaba mi cristal, la calle y su cristal, yo raía, cantaba, bailaba, estudiaba,  pensaba... Todo lo que hacía ella, en cierto modo, lo hacía yo.
Era extraño que no nos hubiésemos encontrado nunca en la calle o por el pueblo. No sé dónde se metía ella. algún día lo descubriría, me dije.
Y entonces... Pasó algo que nunca antes había ocurrido en los dos años que llevaba observándola: se giró y fijó sus grandes ojos verdes en mi;.en ellos, leí todo una vida en unos segundo.












Escrito: al lado de la chimenea, junto a la familia.

25 de diciembre de 2010

Todo empieza...

Todo empieza con un encuentro. Este encuentro pasará, y de él, quedará el recuerdo.
Todo empieza cuando este recuerdo lo guardas cariñosamente en un cajón, sonriendo, para guardarlo; para que no se escape y permanezca siempre allí, para no olvidarlo nunca.
Todo empieza cuando, sin querer, guardas un recuerdo; e inconscientemente, esperas que se multiplique.


Escrito en: mi habitación, justo guardando un recuerdo en un cajón.

23 de diciembre de 2010

Encuentro inesperado

Justo cruzaba la puerta del instituto para dirigirme hacia el concierto que daban algunos alumnos cuanto me quedé helada. Más que nada, no estaba preparada para lo que vi, no estaba preparaba para verle. Desde que lo habíamos dejado que no lo veía. Lo observé sin que el me viese; estaba igual. Sólo con el pelo más corto, creo. Lo vi igual de cómodo en si mismo, la seguridad que exteriorizaba siempre y su manera desaliñada de vestir. Sonreí por mis adentros y como no me había visto, seguí mi camino ya que no sabía que decirle por demasiadas cosas que contar.
Pero a la hora del patio, me lo encontré en el pasillo, de caras. Ahí no pude evitarlo, y tampoco quería. Entonces fue un poco la típica conversa, exceptuando algunas cosas. Nos saludamos con dos besos.
-¿Qué tal?- pregunté.
-Muy bien, ¿tu? ¿Eres feliz?- no podría haber sido más directo y claro. Pero lo que me emocionó fue la intensidad de su voz y de su mirada mientras me lo decía. Esa mirada azul se fijó en la mía durante unas milésimas de segundo. No pude hacer otra cosa que responder:
-Sí, soy feliz- dije con alguna fuerza sacada del interior. No era del todo verdadero, pero en parte sí, supongo.
Intercambiamos algunas palabras más después de meses, como felicitarle ya que era su cumpleaños u ordenar dar recuerdos a las familias. Después, nos saludamos con dos besos más y una adiós un poco torpe. Fuimos en direcciones contrarias y me giré para volverlo a ver.

21 de diciembre de 2010

Y me digo: pasa de todo

Retengo las lágrimas que suplican salir, expresarse; mientras gritos me inundan la cabeza.
Pienso: pasa de lo que están pensando, de que que pensaran y de lo que ya han pensado, pasa de todo y de todos.
Cuanta más gente hay, más sola me sienta. Siento que aún su estuviese tendida en medio de un pasillo lleno, nadie alzaría la vista y aún menos pronunciaría algunas palabras.
Pero es igual. No lo pienses, me susurro gritando. Sólo piensa en lo guapo que iba (y es) él. Todo de negro: pantalones, sudadera, bufanda y gorro; excepto los zapatos, que eran blancos como la nieve que aún no ha caído. Sé que no sabe nada de mí, supongo que no sabe ni que existo; no importa. Mientras penar el el me haga feliz, me conformo (de momento).


Escrito en: clase de francés, después de patio 
(pasado en la biblioteca), escuchando villancicos franceses. 

18 de diciembre de 2010

Caer

¿Te imaginas ser esta chica?





















Sentir la adrenalina, el miedo,  el vertigo, la belleza del paisaje. las ganas de retroceder, las ganas de saltar al vacío, las ganas de poder volar.
Caer y caer, lentamente como una pluma o rapido como una pierdra.
Y mientras dura la caída, pensar en todo. Todo lo que hiciste, lo que estubo bien y lo que no; todo lo que no hicieste; la mentiras que propagaste y las verdades que encerraste en tu  delicado corazón de vidrio para que no dolieran a los demás. También recuerdas aquellos momentos tan intensos, de desbordante amor y de amargos enfados.
Lo recuerdas todo mientras no piensas en nada. Entonces te das cuenta. Te das cuenta de que todo ha sido como debía ser y que llegaras al suelo serena y tranquila, porqué al fin y al cabo todo valió la pena. Entonces miraras a lo alto y contemplaras por última vez. Se cerraran tus ventanas lentamente mientas en algun lado, se abrirá una ventada acogedora.  

15 de diciembre de 2010

El amor, una fuerza imparable



















El otro día pensaba el lo que durante un tiempo me transformó el amor. Me dí cuenta de cómo nos transforma y me quedé encantada. Básicamente y resumiendo: el amor nos da fuerza y capacidad para todo, es así de bonito y agraciado.
Yo estaba enamorada y en esos momentos no me importaba nada aparte de él. Ni que fuese diferente, ni lo que la gente pensaba, ni si era eso lo que se esperaba de mi... ninguno de estos pensamientos se me cruzó por la cabeza ni un instante. 
Era simplemente feliz, sonriente ante la vida que me hacía levantarme cada mañana y preguntarme ¿Y que cosa maravillosa ocurrirá hoy?. Tenía ganas de saltar más allá de las nubes y era como si siempre estuviese el sol brillado; nunca hacía frío ni oscurecía.
Ahora mismo, hay cosas echas que no las haría, pero sé la razón. 
                                                                                                   No estoy enamorada.

11 de diciembre de 2010

Irse con la primera brisa...


Con ganas de coger un paraguas y huir con la primera brisa de verano que pase, lejos, volando, puede que huyendo.
Sin mirar atrás para dudar una vez más. Sin pensármelo ni un segundo.
Y sentir el aire el la cara. Y sentirme libre y acogida; acogida por el cálido viento que me abraza y me susurra que siga dejándome llevar.
No importa a donde me lleve. No importa donde empecé.
Solo importa el camino; este camino sin preocupaciones.
Este camino tan sencillo y bello.
Aquí no hay carreteras, ni dinero,  ni guerras, ni envidia, ni desigualdades, ni estrellas de cine.
Solo hay aire inocente pero sabio que llega a todas partes; y pájaros que acompañan su melodía ligera, suave y cálida con un cantar igual de ligero, suave y cálido.

10 de diciembre de 2010

Confusión y certeza



un océano seco
una feliz tristeza
una luz oscura
un gozo doloroso

9 de diciembre de 2010

Algo es algo




Lo primero que llamaba la atención eran sus ojos. Eren profundos y oscuros como una noche de luna nueva, que contrastaban con su piel se mármol, o eso perecía tan homogénea y lisa. Esos ojos penetrantes delataban un alma profunda, curiosa, sensible y finalmente simpática, que se podía comprobar mirando su cálida y relajada sonrisa la cual enseñaba unos dientes perfectos. También debía tener carácter, pues sus cejas tenían una forma muy definida.
Lo observé mientras se acercaba. Vestía una sudadera azul marino de una talla más con la capucha puesta y unos tejanos. Se manera de caminar infundía una seguridad que le distinguía del resto.
Entonces se bajó la capucha. Allí donde yo esperaba ver un pelo tan oscuro como las cejas, sólo pude apreciar más mármol. Era calvo a pesar de su juventud. O el pelo se lo afeitaba al cero o carecía de el. Pero esto no le hacía perder encanto, más bien al contrario. Tenía una frente alta, seguramente protegiendo una potente inteligencia y un astuto ingenio.
Me pasó por delante y se fue alejando mientras yo contemplaba su recta y ancha espalda y su caminar seguro. 

Me di cuenta de que iba descalzo.

6 de diciembre de 2010

Princesa en un mundo real


Había una vez una princesa.
No era princesa por ser de sangre noble o real; era princesa por tener alma noble. Pero eso, en realidad nadie lo sabía.
Ella vivía en un mundo real, sin magia, sin príncipes azules. Y por esa razón, se sentía sola y extraña.
Combatía día a día y luchaba para que una parte de ella, fuese como los demás. No se vestía con esos vestidos largos y hermosos que a ella tanto le hubiese gustado enfundar sino con unos tejanos ajustados, camisas de seda y sombreros estilosos; pero aún así, desprendía demasiado encanto para ser lo que pretendía aparentar. Asistía a escuela, estudiaba, quedaba de vez en cuando con alguna compañera y finalmente se refugiaba en sus libros; libros cargados de magia que la seducían y se la llevaban lejos de ese mundo real, aburrido, estresado y cada vez más sombrío.
Su otra parte, la que no luchaba para encajar, era seductora, amable, un poco orgullosa y caprichosa. Pero se estaba asfixiando.  Ella también quería salir y gritar libremente una canción sin sentido con una melodía llena de nostalgia.

Esa princesa estaba partida en dos y muy confusa.
Pero siguió adelante, dejando huellas esponjosas y sutiles a sus espaldas y nunca girándose para preguntarse si esos pasos eran correctos; pues en ese juego, estaba prohibido retroceder; entonces ¿para que preguntarse si eran correctas? 

5 de diciembre de 2010

Un día de indiferencia



Me he levantado con ganas de no hacer nada; es decir, sin ganas. Sin ganas de nada.
Apatía. Indiferencia. Desinterés.
Son los peores días.
Me da igual todo. No tengo preferencias.
¿Qué clase de vida es esta? ¿Hay una razón? ¿Hay un objetivo? ¿Tengo que seguir adelante? Me inundan la cabeza demasiadas preguntas cargadas de una esencia que sólo consigue hundirme; cómo si cada pregunta fuese una piedra pesada y dura que me atrae a las profundidades de un río gélido e infinito.
No sé a donde me dirijo. No sé por qué camino estoy andando, pero noto su fría temperatura a través de mis pies descalzos. Camino descalza y con un pañuelo que suavemente me tapa la vista, trazando huellas en este camino dónde se ha instalado una niebla indescifrable.
Nunca pararé de caer, ni de hacerme preguntas, ni de pasar días caminando por este camino.
O puede que sí. Puede que un día deje de caer, de hacerme preguntas y de caminar.
Pero el día que deje de hacer todo esto, no será un día cualquiera.