9 de diciembre de 2010

Algo es algo




Lo primero que llamaba la atención eran sus ojos. Eren profundos y oscuros como una noche de luna nueva, que contrastaban con su piel se mármol, o eso perecía tan homogénea y lisa. Esos ojos penetrantes delataban un alma profunda, curiosa, sensible y finalmente simpática, que se podía comprobar mirando su cálida y relajada sonrisa la cual enseñaba unos dientes perfectos. También debía tener carácter, pues sus cejas tenían una forma muy definida.
Lo observé mientras se acercaba. Vestía una sudadera azul marino de una talla más con la capucha puesta y unos tejanos. Se manera de caminar infundía una seguridad que le distinguía del resto.
Entonces se bajó la capucha. Allí donde yo esperaba ver un pelo tan oscuro como las cejas, sólo pude apreciar más mármol. Era calvo a pesar de su juventud. O el pelo se lo afeitaba al cero o carecía de el. Pero esto no le hacía perder encanto, más bien al contrario. Tenía una frente alta, seguramente protegiendo una potente inteligencia y un astuto ingenio.
Me pasó por delante y se fue alejando mientras yo contemplaba su recta y ancha espalda y su caminar seguro. 

Me di cuenta de que iba descalzo.

4 comentarios:

María dijo...

Un hombre extraño, sin duda. Atractivo y amenazante a pares iguales :)
Te animo a que participes en el homenaje bloggero y des tu blog a conocer a más gente. Escribes muy bien!!
besos y ya tienes una seguidora más ^^

Lyla dijo...

¡Que bien!
Además... no eres cualquiera. Porque... eres la número diez! jeje
Gracias por seguirme, para mi cada seguidor en una gotita de felicidad.

Pía Baroja dijo...

A mí también me ha gustado mucho!
Es un personaje muy interesante. Me ha encantado eso de que se nota que tiene carácter porque sus cejas están muy definidas. Yo también me suelo fijar en esos detalles :)
Me alegro de que tu blog vaya creciendo poco a poco.
Y me ha encantado eso de que pusieses un pie de página a cada una de las fotografías!

Sigue así, besos.

The Little dijo...

¿Sabes en que me has hecho pensar? En los que se les ha practicado la quimioterapia. Y daba la sensación de que el carácter que tu relatas hubiese sido el que se impuso al cáncer. Tan malvado, tan mortal, tan repulsivo. Y aún así el hombre de la sudadera más grande que su talla se supo poner por encima de lo malvado, lo mortal y lo repulsivo. Pero lo mortal, por un espacio relativamente corto de tiempo.