31 de julio de 2011

De viaje


Uno tenía una mano en el volante, tratando de conducir;  el otro una mano en el mapa, tratando de no perderse otra vez. Sólo una porqué las otras dos estaban entrelazadas, juntando la poca distancia que les separaban los asientos incómodos de ese descapotable un tanto viejo pero acogedor. Esas manos armónicas que nunca se separaban y que se acariciaban con cariño y suavidad cada segundo de su preciosa vida de enamorados. Una pareja de lo más dulce y bonita, aun que ir de viaje no se les diera bien.
Sólo ellos sabían que eran muy malos en seguir un recorrido y conducir a un sitio concreto, por lo que no paraban de mirarse con complicidad y reírse a carcajadas después de cada cruce; tras descubrir que se habían vuelto a equivocar. De hecho hacía ya dos días que los esperaban en un hotel del sud de Italia, pero yo creo que el hotel era una escusa, sólo querían estar juntos. Se perdían en cada uno de tres cruces aproximadamente, y se veían obligados a retroceder con energía y felicidad, como si fuese lo más normal y divertido del mundo. Pero no les importaba; en absoluto, se lo pasaban muy bien y cada noche acababan durmiendo acurrucados en el coche mirando las estrellas y escuchando el canto de los grillos en sitios que jamás se hubieran imaginado que existieran, en sitios muy curiosos y simplemente, mágicos. No les importaba si se perdían, a donde les llevaba la vida, porqué estaban juntos y se amaban. Se amarían en el coche o en el hotel, en Francia o en Italia, con viento o con lluvia, en el presente y en el futuro.

28 de julio de 2011

Dorado


Subimos todos a la pista para jugar a fútbol.Yo me quedé sentada observándote. Como corrías, como chutabas, como animabas al equipo o como sonreías al marcar un gol, guapo y despreocupado. Después de un rato escalé por las grandes piedras hasta llegar a un dorado campo cercano. Allí me senté encima de pequeñas montañas de paja que recién cortadas pinchaban y me puse a reflexionar.
¿Por qué me gustabas tanto, siendo tú y yo tan y tan diferentes? La situación era curiosa. Me estaba enamorando de alguien con el que sabía que no hacíamos el par. Yo de mente soñadora, tu cuadriculada. Yo habladora y amante de las palabras, tu hombre de muy pocas. Los contrarios se atraen, dicen. 
En esta que vi el azul de tus ojos flotando entre el dorado. Te acercabas. Me viste cómoda en medio del campo y sonreíste. 
-¿Qué haces aquí sentada?- me preguntaste entre divertido y sorprendido.
-Pues pensar- te contesté intentando sonar de lo más natural. En realidad estaba un poco nerviosa y mi corazón se iba acelerando. No esperaba que vinieras a mi encuentro allí arriba. 
Miraste de lado a lado y finalmente te pusiste a mi lado. 
Y allí estábamos nosotros, dos jóvenes adolescentes opuestos, descubriendo juntos el juego del amor, en medio del dorado, y ante nosotros, una vista espectacular.

Entonces nos besamos.

25 de julio de 2011

Para ti, color verde

No puedo más, te necesito. A ti, ahora.
Quince días dan para mucho y para muy poco. Han sido unos días inolvidables, preciosos. No sé quién se inventó eso de que lo bueno no perdura, pero ahora mismo lo mataría. Suerte que tengo miles y miles de recuerdos que me iluminan en estos días de tristeza, después de haber tocado el cielo contigo y haber caído ahora de golpe, al volver. Te informo que sigo viva, pero sólo a medias. La caída está siendo muy dura. Los morados duran, y con un suave roce empieza a arder, a pares con mis lágrimas de plomo.
No sé que hacer, mire donde mire, haga lo que haga, sólo estás tu en mi pensamiento. De día. Y también de noche, cuando por suerte nos encontramos en el mundo de los sueños, la oscuridad y las estrellas. Aunque después el despertar sea doloroso, húmedo y salado, vale la pena.

Días de alegría y noches de pasión.
Te quiero.