22 de octubre de 2012

Horizonte desaparecido


Porque hasta ahora siempre había tenido un punto fijo en el horizonte. No infinito, pero sí lejano y alcanzable.
Pero ahora todo se ha vuelto oscuro; incierto. El faro se ha apagado en medio de esta tormenta.
Como al insecto que al apagar la luz, bate las alas frenéticamente y sin descanso en la negrura, golpeándose una y otra vez contra cada ángulo.
A ciegas.
Como un compás sin punta de metal que centrar.
Perdido.
Empezar de golpe desde cero cuando algo que siempre se había dado por supuesto se balancea, se derrumba.
Si se desdibuja el camino en frente a uno, ¿cómo se puede seguir caminando? 
Ahora sólo hay un acantilado. 
Afilado. 
Recto. 
Infinito.
En frente a mi, hay            nada.
En frente a mi, no hay       nada.