28 de noviembre de 2012

Llave perdida

Se encontraba frente a una puerta. Una puerta que llevaba a un nuevo y enorme mundo, eso lo sabía. Pero no encontraba la llave que le permitiría entrar es ese verdadero mundo.
Podía sentir cada carcajada libre, cada soplo cálido de brisa, cada mirada con amor y cada nueva flor que se abría. Todo lo que ocurría al otro lado.
Pero no podía saborear nada de eso.Sí, podía saborear el deseo de saborear. Pero eso solo le llenaba la boca de una frustración salada.


25 de noviembre de 2012

Un presente continuo














Oigo el tic-tac de este reloj despintado que tengo a dos metros de distancia.
Un ruido que cada vez va más rápido, como una bomba de relojería que advierte su inminente explosión.
Se me come a mi, se come al mundo, de lo come todo; e impide que todo exista.
Destruiría todos los relojes del mundo, desde las campanas de los campanarios más altos hasta el más mísero reloj de pulsera de cualquier campesino.
Sin tiempo no habría pasado ni futuro, sólo un presente continuo. 
Un presente que evoluciona pero no pasa.
Un presente pasado y futuro.


Así no habría ninguna excusa para explotarnos. 

19 de noviembre de 2012

Escapar, correr y volar















Hay una lágrima que grita por salir a la superficie mientras mi alma y corazón se retuercen al sentirse encerrados y encadenados en estos muros de cemento duros y grises.
Oigo el tiempo pasar, lo oigo, gritándome tic-tac,
inicia en susurros suplicantes y acaba en gritos desgarradores que solo consiguen frustrarme.
Y quiero escucharlo y hacerle caso, pero me lo impiden, no puedo.

Me imagino y veo la vida fuera,
porque los rayos de luz se escurren entre la densa oscuridad de esta cárcel.
Y en un espejo veo todo lo que podría ser, si yo no estuviera
aquí. 

10 de noviembre de 2012

Exprimiendo sin piedad

Y a mi alrededor, no solo caen las piedras produciendo un ruido seco; también las plantas se convierten en piedra, fría y dura.  Y las que resisten se secan.
Se secan porque les roban el sol, los minerales, los nutrientes. Les roban todo, y más. Las estrujan como yo estrujo a una toalla para sacarle cualquier gotita de agua: retorciéndola sin piedad, exprimiéndola al máximo.