20 de octubre de 2013

Dando la espalda al tiempo


Unos ojos marrones y tristemente brillantes miraban el reloj. Miraban como las agujas se movían, pero no sentían como el tiempo pasaba. No entendían por qué no paraban, esas agujas. Pues allí no pasaba nada.
Y se preguntaban si el tiempo se detendría si ellos pararan de observar el movimiento de las agujas del reloj. Qué pasaría si ellos no mirasen nunca más el tiempo.
Decidieron comprobarlo. Nunca más esos ojos marrones miraron un reloj. Y al no poder mirar un reloj, nunca pudieron saber si el tiempo pasaba ahora que ellos no lo miraban. 
Pero esos ojos viajaron y vivieron para siempre, y nunca más vieron pasar el tiempo.

3 comentarios:

Claudiettha J.V. dijo...

A veces me pregunto porque nos importa tanto el tiempo, a veces hay que olvidarse de todo y vivir el momento. Te quedó bonito^^

Besos

Ana dijo...

Precioso, el tiempo es un invento nuestro, un horrible invento. Porque, ¿qué hay más relativo que el tiempo?
Me ha encantado leerte,
un beso.

Las Mejores Cosas Al Amanecer dijo...

El tiempo es algo inexistente... lo hemos creado nosotros. A veces me dan ganas de hacer como la persona de tu entrada.
Un beso!!

Joana